Escándalo de corrupción por cajas Clap salpica en España


La famosa caja CLAP (Comité Locales de Abastecimiento y Producción) mecanismo mediante el cual el régimen de Maduro surte de productos "subsidiados" a un sector de la población, ha devenido en un fábrica de producción de escándalos por corrupción.

La opacidad es la marca de este programa que ha servido para enriquecer a costa del hambre de la ciudadanía a unos privilegiados afectos al régimen, como lo demuestra la investigación realizada por El País, sobre la empresa encargada de negociar las compras en Sabadell.


"Una empresa fantasma con sede en Sabadell (Barcelona), controlada por un exfuncionario venezolano, ha obtenido millonarios beneficios con la compraventa de alimentos básicos (arroz, aceite vegetal, azúcar, legumbres, leche en polvo) destinados a la población desfavorecida de ese país", denuncia el diario El País de España.

De acuerdo al reportaje del medio español MIR Importación e Exportación SL ha conseguido contratos para vender al Gobierno de Nicolás Maduro hasta dos millones de paquetes de comida procedentes de México y Colombia por un total de 69,8 millones de dólares (56,8 millones de euros) mediante contratos opacos adjudicados a dedo.

"Venezuela paga por cada paquete a 34,87 dólares, según los documentos consultados, y la empresa logra un margen por unidad de entre el 25% y el 50%, según las distintas fuentes consultadas", apunta.


Empresa fantasma

De acuerdo con la investigación del diario madrileño MIR Importación e Exportación fue creada en 2011 por un farmacéutico de L'Hospitalet (Barcelona). Hace dos años, "tras tenerla casi inactiva desde el principio", este boticario decidió liquidarla. "Cuando fui a hacer los trámites, me dijeron que había una persona interesada en comprarla. Me pagaron los gastos que me había ocasionado y así pude recuperarlos", recuerda. La operación se cerró en otoño de 2016, justo cuando la política de los CLAP empezaba a despegar.

MIR Importación e Exportación, sin embargo, "no tiene trabajadores, ni despacho ni siquiera teléfono propio en España. Todos los datos que figuran en el registro mercantil son de una gestoría de Sabadell".


Como accionista y administradora figura una mujer de origen venezolano, vecina de la ciudad, que es hija de la actual pareja del hombre que realmente ha gestionado (al menos hasta fechas muy recientes) el negocio, Juan Vicente Roversi Thomas, que fue director de Proyectos Especiales del municipio de Puerto La Cruz (Estado de Anzoátegui) al menos hasta 2012. Roversi, según personas de su entorno, vive a caballo entre Sabadell y Venezuela.

De acuerdo a la investigación del medio español tampoco los datos que figuran en los documentos de MIR Importación e Exportación en Venezuela permiten acceder a él. En ellos hay dos teléfonos, el de la gestoría de Sabadell y otro de Venezuela que atiende una persona que asegura no saber quién es Roversi y en la dirección de correo electrónico no devuelven los mensajes.


Negocios opacos

MIR Importación e Exportación logró una facturación inimaginable para una empresa sin estructura ni experiencia. La sociedad firmó hace un año un contrato con la Corporación Venezolana de Comercio Exterior por 34,8 millones de dólares por un millón de cajas CLAP. "El contrato, como el resto de operaciones similares, ha estado rodeado de una gran opacidad", puntualiza El País.

Según los registros de Panjiva, empresa especializada en el comercio internacional, MIR Importación e Exportación envió el año pasado y hasta el pasado enero un total de seis cargamentos desde los puertos mexicanos de Lázaro Cárdenas (en el Pacífico) y Veracruz (Golfo de México) que, tras escala en Panamá, llegaron a Venezuela. Otros nueve envíos salieron de los puertos colombianos de Buenaventura y Cartagena.

Fuentes del sector aclaran que "los envíos reales pueden ser muchos más, ya que es común el uso de empresas intermediarias para que figuren en los registros".


Programa clientelar

El destino de los alimentos son las conocidas como "cajas CLAP". Esta es una política de reparto de comida a precio subsidiado del régimen bolivariano para mitigar los graves problemas de abastecimiento e inflación que sufre la población.

"Tras casi dos años en marcha, sin embargo, los CLAP reciben duras críticas por su mala distribución -no llegan a muchas zonas o lo hacen muy de vez en cuando- y por la mala calidad de algunos productos".


Además los CLAP, son considerados como un mecanismo para fomentar el clientelismo "y han acabado por convertirse en un colosal negocio de unos 3.000 millones de dólares para lucro de empresas como la de Sabadell y otras con sede en paraísos fiscales", apunta El País.

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