Cuba recibe a Obama arrestando a opositores


Foto: EFE /


Bajo un cielo encapotado y una pertinaz lluvia, el presidente Barack Obama llegó el domingo a Cuba donde fue recibido de manera cortés pero sin los honores reservados normalmente para la visita de un jefe de Estado. Al mandatario lo esperaba al pie del avión una pequeña delegación gubernamental encabezada por el canciller Bruno Rodríguez. No hubo ceremonia oficial de protocolo y Obama se limitó a saludar brevemente a algunos funcionarios de la cancillería, entre los que estaban Josefina Vidal y Gustavo Machín, un diplomático expulsado de Estados Unidos acusado de espionaje. Fue notoria la ausencia del gobernante cubano Raúl Castro en el Aeropuerto Internacional José Martí, así como la del vicepresidente Miguel Díaz-Canel, quien el viernes recibió en la terminal aérea al presidente venezolano, Nicolás Maduro. Obama llegó a bordo del imponente Air Force One en compañía de algunos congresistas, además de su esposa Michelle, sus hijas Sasha y Malia, y su suegra Marian Robinson. Apenas aterrizó el avión, el mandatario se dirigió a los cubanos a través de Twitter con el saludo informal más popular entre los jóvenes: “¿Qué bolá, Cuba?”. Pero la palpable frialdad imperante en el aeropuerto contrastó con el calor en las calles donde, unas horas antes, decenas de policías y otros tantos agentes de la seguridad del Estado detuvieran a alrededor de 50 mujeres del movimiento Damas de Blanco y a otros 10 activistas que marchaban exigiendo la liberación de los presos políticos. Entre los detenidos se encuentran Berta Soler, líder de las Damas de Blanco y Antonio Rodiles, uno de los coordinadores del Foro por los Derechos y las Libertades, quienes fueron invitados a participar en una reunión con Obama el martes en la mañana. También fueron arrestados el rockero Gorki Águila, el graffitero Danilo Maldonado (conocido como el Sexto), el fotógrafo Claudio Fuentes, la activista Ailer Rodríguez y el ex prisionero político Ángel Moya. El programa del presidente Obama sufrió algunos cambios por el aguacero que cayó sobre La Habana en la tarde. Ya a bordo de “la Bestia”, como se conoce a la limosina blindada que lo transporta a todas partes, Obama se dirigió hacia el Hotel Meliá Cohiba, en vez de la embajada, para reunirse con el personal de esa sede diplomática. “¿Cómo andan?”, les preguntó en español. “En 1928, el presidente Coolidge vino a bordo de un barco de guerra, le tomó tres días llegar. Solo me tomó a mí tres horas”, comentó el mandatario, quien subrayó que tener una embajada le permite a Estados Unidos “promover nuestros valores e intereses así como entender de modo más efectivo las preocupaciones del pueblo cubano”. Luego, Obama recorrió algunos lugares de la Plaza de Armas, en La Habana Vieja, guiado por el historiador de la ciudad, Eusebio Leal. En la Catedral fue recibido por el cardenal Jaime Ortega, quien fue intermediario en las negociaciones secretas entre amos gobiernos. A ambos lados de la plaza, una multitud paciente esperaba la oportunidad de ver a Obama en persona, quien saludó varias veces y recibió a cambio gritos de “¡USA!”. La familia presidencial cenó en el paladar San Cristóbal, que está en el tope de las recomendaciones del sitio de viajes TripAdvisor. La actividad marcó el fin de la agenda del Presidente el domingo. El lunes, Obama sostendrá conversaciones con Raúl Castro y el martes se reunirá con opositores y miembros de la sociedad civil. REPRESIÓN A LOS OPOSITORES “Iré a la reunión con el Presidente si no soy arrestada”, declaró Bertha Soler antes de iniciar la marcha de las Damas de Blanco. Durante la caminata Soler le dijo al Nuevo Herald que de reunirse con Obama, le diría “Presidente, este no es momento de llegar a Cuba pero ya está aquí, queremos que tenga un mensaje de apoyo bien claro al pueblo de Cuba” “Aquí nada va a cambiar, por eso tenemos una palabras que dicen ‘Obama, Cuba tiene un sueño: una Cuba sin los Castro’ ”. En una una intervención dirigida a la numerosa prensa reunida en el parque Gandhi, frente a la Iglesia de Santa Rita, Soler pidió que Obama condenara “con energía las violaciones de los derechos humanos”. Alrededor de 50 miembros de las Damas de Blanco marcharon pacíficamente por la Quinta Avenida. De vez en cuando pasaba un auto que les gritaba “escoria” o “mercenarias”. Cuando se acercaron a la calle 3ra, les esperaba un grupo de alrededor de 300 personas que corearon gritos de “Mercenarias”, “Gusanas” y “Pa’ lo que sea Fidel”. Cuando los activistas se sentaron en la calle, en cuestión de minutos policías y agentes de seguridad los arrestaron, a algunos a la fuerza, y los montaron en autobuses y carros patrulleros. Mientras tanto, y bajo un intenso sol, se escuchaba una conga y algunos bailaban y continuaban cantando consigas progubernamentales. Una manifestante explicó que estaba protestando contra las Damas de Blanco porque “la calle es nuestra, del pueblo trabajador, del pueblo revolucionario” y acusó a los miembros de la oposición de “no trabajar” y “vender la leche que le dan a sus hijos”. Otra mujer se dirigió a la prensa que filmaba cómo recogía las octavillas lanzadas por los activistas con las demandas del Foro por los Derechos y las Libertades, entre ellas una amnistía por los presos políticos para asegurar que lo hacía con “tremenda dignidad porque la calle es de nosotros los cubanos”. “Son gusanas, les pagan un poco de dinero para hacer cosas contra la revolución, estamos protestando porque ahora viene Obama y se hacen las graciosas”, explicó una señora afrocubana de edad avanzada. Algunos manifestantes fueron trasladados en autobuses desde sus centros de trabajo. A unas cuadras de la Iglesia, una veintena de patrullas policiales estaban aparcadas a ambos lados de la calle. MIRAN LA LLEGADA POR LA TELEVISIÓN En la tarde, una docena de camareros y cocineros rodearon un televisor en el restaurante La Rampa en La Habana para ver salir al presidente Obama y su familia del Air Force One. Algunos tomaron fotos de las históricas imágenes en la televisión. Aunque algunos de los empleados y los clientes fueron reacios a hablar de la importancia de la llegada de Obama públicamente, la mayoría destacaron en privado que ver a un presidente de Estados Unidos en suelo cubano era un acontecimiento importante. Teniendo en cuenta la larga historia de hostilidad entre los dos países, Miguel Romero, de 23 años, afirmó que nunca se imaginó un momento así. Romero y un amigo observaron la llegada de Obama a través de los grandes ventanales del restaurante. Él espera que ahora “los amigos” puedan eventualmente llegar a un acuerdo para poner fin al embargo de contra Cuba, o como él y otros aquí lo llaman, “el bloqueo”. “Es un comienzo”, dijo. “Vamos a ver si pueden solidificar algo. Han pasado más de 80 años desde que un presidente de Estados Unidos llegara a Cuba. Y viene en solidaridad y no por algún otro motivo”. Rita María Zedeño, de 54 años, estaba de pie fuera de su casa en La Habana Vieja hablando con los vecinos cuando el avión del presidente aterrizó, y corrió hacia el interior para ver la cobertura televisiva. “Es muy emotivo”, dijo. Frank Alfonso Ingram, de 49 años, dijo que la visita era “muy positiva.” Ningún país es más acogedor para los estadounidenses que Cuba”, subrayó. Ingram espera que los visitantes estadounidenses dejen aún más dinero en el futuro y que se incrementen los intercambios culturales. “Todos ustedes van a aprender de nosotros también”, añadió. Pero Rolando Río Echavarría, de 48 años, que tiene un pequeño negocio de venta de encendedores, dijo que no le gustaba que muchas tiendas del gobierno estuvieran cerradas debido a la visita. “No hay nada para la gente durante la visita”, dijo, aunque aún tiene esperanzas de que algo bueno salga de ella. “Todo depende de él”, dijo. “Obama es el presidente del mundo.” Más de 1,500 periodistas de 50 países llegaron a Cuba para visita de Obama Echavarría también dijo que la visita fue más significativa para él, porque Obama es el primer presidente negro de Estados Unidos, lo que lo hacía sentir orgulloso y agregó que también era un signo de la abolición del racismo. En la calle, un hombre llevaba una camiseta que decía “Obama: primer presidente negro”. Otro, lucía una camisa con el texto: “El cambio en el que podemos creer”. La visita marcó “una nueva era”, dijo Leosdan Guemal, de 21 años, que tiene un pequeño negocio. “Todo va a ser mejor”, opinó. El reportero Franco Ordóñez de McClatchy colaboró con esta historia.

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