Dos caras de una misma realidad


Foto: Facebook /


Christian Alexis Rivas Istúriz, un joven venezolano que migró de su país a los Estados Unidos buscando un mejor futuro, posteó este pasado 19 de marzo una reflexión que dejó pensando a más de uno.


Todo comienza como un desahogo de momentos difíciles que ha estado viviendo al emprender un nuevo rumbo en otro país, hasta que más adelante habla de la cruda realidad que azota a los venezolanos. La perspectiva de un joven que decide irse de su país en busca de nuevas oportunidades VS la perspectiva del joven que decide quedarse en Venezuela y no le dan la oportunidad ni siquiera de vivir.


Les invitamos a que lean este crudo, pero inspirador relato:


Hoy, sábado 19 de marzo del 2016, a las 10:12 A.M, mi día comenzó por segundo mes (no consecutivo) viviendo dentro del carro de una amiga. Me despierto con un calor que arropa cada centímetro de mi cuerpo (el invierno terminó en los Estados Unidos) y con las picadas de un par de mosquitos que creyeron conveniente hacerme compañía; leo los mensajes de buenos días de mi mamá, me pregunta cómo está mi trabajo y mi salud, y le respondo que todo va muy bien, mientras el estómago me reprocha la mentira de siempre con un gruñido.


Reviso las notificaciones de Instagram a la víspera de algún trabajo, leo varios encabezados en Twitter para informarme sobre la última hora de las malditas elecciones presidenciales, con Trump y Clinton como máximos contendientes (vaya sátira), y termino haciendo zapping en Facebook, auspiciando poder ver alguna buena noticia sobre Venezuela (la última, muy grata por cierto, la clasificación de la selección femenina Sub-17 de fútbol al mundial de Jordania).


La monotonía avisa su llegada cuando solo han pasado veinte minutos de haber despertado dentro de aquél Jeep y ya siento que no hay nada más que hacer por el resto del día; mi memoria muscular comienza a echar en falta los dolores de espalda causados por los desvelos que tenía como fotógrafo en Venezuela, trabajando todo el día, todos los días, en la búsqueda de perfeccionar mi proceso creativo tanto como el mismo país me lo permitiera.


En Miami, el libreto ha cambiado un poco y, cual comienzo de Grand Theft Auto, los primeros niveles del mismo y las misiones suelen ser tan tediosas como asfixiantes; el consuelo de saber que no soy el único "chamo" en el mundo atravesando por este sendero me da una palmada en la espalda y me sugiere que el día apenas comienza, al mismo tiempo que intento meditar y enviar buenas energías a todos aquellos jóvenes venezolanos que sienten que están atravesando solos por esta tragicomedia del Siglo XXI... no lo están.


Desayuno un cuarto del paquete de almendras que me compré hace dos días (al menos tienen proteínas), y de inmediato comienzo la búsqueda de ingresos a como dé lugar. Busco en Craigslist (que es una página web en la cual las personas ofrecen o buscan un determinado servicio) algún tigre que me resuelva para comprar el siguiente mercado, o por lo menos, el siguiente paquete de almendras.


Ingreso en la sección de creativos, dignamente, con la ilusión de encontrar a alguien que necesite de mi potencial para desarrollar y materializar alguna idea, y el ochenta por ciento de las publicaciones que encuentro son de personas que buscan a "chicas calientes" para grabar videos "hot", ofreciendo $2.000 por cada grabación (bienvenidas al sueño americano); paso.


Ingreso en la sección de trabajos de carga y limpieza, logrando conseguir un trabajo en la cuarta página. El lugar se encuentra a dos horas en autobús y Google Map me indica que debo pagar cuatro autobuses en total, entre la ida y vuelta (cada pasaje cuesta $2.25, es decir que debo invertir $10 en total), y el trabajo paga 6 dólares la hora, por cinco horas ($30 menos $10 de pasaje, para un total de $20 al día y una espalda rota); paso.


Detengo la búsqueda porque siento que estoy perdiendo el tiempo de todas maneras, y me ronda por la nuca aquél pensamiento que debe seducir a más de uno de vez en mes: ¿y si regreso a Venezuela? después de todo, en Venezuela están mi familia y la mayoría de mis amigos, tengo un trabajo estable y todo el tiempo del mundo para desarrollar mi campo creativo al máximo, en cambio acá, como me dijo un colega fotógrafo al cual creía admirar como persona, "estoy comiendo mierda y no tiene nada de sensato que continúe".


Ahora me cuestiono el cuestionamiento previo, y ahora cuestiono el cuestionamiento de mi primer cuestionamiento... y ahora, ya ni sé dónde estoy parado.

¿Y si él tiene razón? Después de todo, Venezuela no está tan mal, bueno, tal vez solo un poco:


Caracas, mi ciudad, fue recientemente designada como la más violenta del mundo (aún habiendo países en guerra), con una taza de homicidios de 120 por cada 100.000 habitantes (quizás lo entiendas mejor con la síntesis de 29.000 asesinatos en toda Venezuela durante el 2015), con un noventa por ciento de impunidad, por cierto.

Si esto no es un argumento sólido y todavía pareciera ser insensato quedarme, el asunto con las colas para comprar alimentos o productos básicos de primera necesidad quizá pueda servir de soporte; se ha distorsionado tanto el tópico durante estos últimos nueve meses que ya no sé exactamente cuáles son las condiciones bajo las cuales yo pudiera comprar una bandeja de queso o de pollo, ni para comprar el papel toilet que usaría luego de digerir toda esa vaina.


Tampoco es para tanto, Cristhian, al menos no hay corrupción en los estratos políticos y las fuerzas de seguridad del estado. Ah, no coño, también está jodido ese ámbito. Detengo las revoluciones de la cabeza y me doy cuenta de que lo único insensato en ese momento es pensar tanto en el pasado o en el futuro, y no enfocarme en el presente.


Vuelvo al zapping de Facebook.


Leo una publicación del profesor Carlos Castro lamentando la muerte de alguien llamado Jofran Zamora; en un primer instante lamenté el acontecimiento, pero al no saber quién era, continué navegando. Sigo bajando en el time-line y me encuentro con dos publicaciones seguidas de la profesora Yasmin Centeno y de mi colega Carlos Mayz, ambos lamentando de igual forma la muerte de Jofran, pero esta vez con una foto adjunta a los respectivos escritos.


Todo se detuvo por varios minutos dentro del carro.


No pude tragar saliva, me invadió un frío por todo el cuerpo y sentí un vacío en el estómago. Lloré enfadado aquella maldita noticia.


Jofran Zamora (lamento no haberte preguntado nunca el nombre y conocerlo en estas circunstancias), era un estudiante de la Universidad Católica Andrés Bello con el cual compartía escuela (Comunicación Social); durante tres semestres seguidos le vi la cara todos los días, de lunes a viernes, en el departamento de Recursos Humanos, en el nivel Mezzanina del Edificio Cincuentenario; al igual que yo, muchos otros estudiantes de la universidad fuimos atendidos por Jofran, al acudir a este departamento en busca de ayuda económica o una beca-trabajo.


Siempre me hablaste con cordialidad y con mucho respeto, ofreciendo respuestas a cualquier aspecto relacionado con las becas que, por cierto, siempre recibí por parte de la universidad.

El día de ayer fue asesinado dentro de su casa, luego de que unos delincuentes entraran a la misma para asaltarla. Más allá de las posesiones o el dinero que pudieron haber robado, por la memoria de Jofran, es necesario resaltar que le robaron al país un joven venezolano trabajador, honesto y talentoso, que en abril iba a recibir su título de Comunicador Social, mención en Artes Audiovisuales, y que ya trabajaba como productor en una estación de radio.


Esta noticia respondió todos mis cuestionamientos, ya que entendí que Venezuela es el país de las oportunidades, pero que hace mucho tiempo esta máxima varió su significado: tienes la oportunidad de que, sin importar lo excepcional que puedas llegar a ser como persona, como ciudadano y como profesional, cualquier delincuente de turno pueda tocar tu puerta y apagar tu brillo, tu magia y tu energía humana para siempre, destruyendo todos los posibles universos que con esfuerzo y mucho trabajo duro, tú decidas plantearte, desarrollar y completar.


De colega a colega te dedico este escrito, hermano, si tiene algún error ortográfico, corrígelo como el excepcional comunicador que eras.


Que tus buenas energías viajen para siempre por el universo, Jofran.


Escrito tomado del muro del facebook de Cristhian Alexis Rivas Istúriz.

Puede ir directamente haciendo click AQUI.

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